Las formas se me solapan y me intrigan. La arquitectura de la vida pierde interés y me fascina sobremanera el valor plastificado y virtual del diseño a medida. Decorar interiores y buscar las mejores vistas de uno mismo para impresionar a la primera, que es como impresionar dos veces. Sin tiempo para acostumbrarme a mi espejo matinal dejo yo de ser yo y me convierto en lo mejor de mí mismo sólo con abrir la puerta de mi casa. Así, aplico la teoría de la cascada según la cual, si algo moja, el resto se empapa, de modo que pronto seré, siempre, a todas horas, mi mejor yo. Es hermoso comprobar cómo mi forma sobrecoge y enamora a mi fondo vulgar y lo conduce a mi yo verdadero.
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Saberlo
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No hubo palabras, ni juramentos. No hizo falta mirarnos. Ladraba un perro que pronto calló y todo quedó en silencio. Nos vieron algunos y nada entendieron. Vieron hombres solos y libres que se alejaban hacia caminos divergentes, que se detuvieron y, sonriendo unos, serios otros, dieron media vuelta y volvieron por sus pasos, senda pretérita de muertos, el camino al infierno.
Mejor dame un abrazo
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Suelo dar la mano cuando conozco a alguien. A las chicas dos besos pero depende de más factores. Dar la mano a un tío cae casi siempre. Ya no recuerdo cuándo se convirtió en un hábito. Casi había olvidado cuando dar la mano era algo extraño que hacía gente mayor. ¿Quién da la mano? Los viejos, joder. Los viejos. Ahora me sale con naturalidad, tiendo a dar la mano incluso cuando me encuentro amigos que hace tiempo que no veía. Tengo un amigo que se avergonzaría de mí. Es un militante anti-estrecha-manos. No me lo tengas en cuenta. Piensa que podría ser peor. Podría empezar a llevar polos Lacoste, pantalones de pinzas o traje y corbata...
Hola y adiós
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Un día dejas de ver a alguien. Sabes que vuestra relación fue lo suficientemente extraña, intensa, indebida o breve como para que, ahora que acaba porque ambos sabeis que debe acabar, nunca haya un reencuentro. Y es imposible aceptarlo. Y lo aceptas. Y los días siguientes, y las semanas y los meses son lugares en los que no hay acomodo posible porque les falta todo lo que esa persona llenaba. Y olvidas. Un día, pasado un año, algo estalla dentro de tí, uno de esos resortes que buscan joderte y recordarte lo bueno cuando ya no está y golpean fuerte entre el corazón y las tripas (yo suelo sentirlo en la boca del estómago) y dejan allí un sumidero negro y pesado, fuente de pasados y desagüe de presentes que abrevia tus respiraciones, alarga tu insomnio y te demacra el rostro en una máscara de crispación o desamparo. No está. Y no es como si muriese, pero muere para cada uno de tus lugares y para cada uno de tus tiempos y sólo vive en tu recuerdo que, poco a poco, la hace sombra,...
Topología
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Doblar la ropa siempre de la misma manera. Usar los mismos movimientos cada día cuando te desperezas, te duchas, te vistes, desayunas. Los mismos problemas en el trabajo. Las mismas personas, las mismas actitudes. Los mismos comentarios sobre los demás. Sobre tí. Café donde siempre. La mesa de cada día. Llegar a casa los días de llegar a casa. Salir los días de salir. Ordenador. Música. Visitar los blogs. ¿Alguien conectado? Fumar una vez más. Doblar la ropa siempre de la misma manera. Colgarla en el mismo lugar. Dormir. Cualquiera diría que esto tiene que ver con la topología . Sí tiene que ver, ¿no? En esencia, si una taza es lo mismo que una rosquilla y un mapa es el territorio, nada nos diferencia. Y cada diferencia al final es un mundo. Tengo un problema . Lo resolvió Euler pero, ¿puedes tú? (Realmente el problema no importa, importa que haya un problema. Ya lo dijo Hitchcock ). ¿Estoy un poco críptico? Me apetece.
Dos en la carretera
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Dos en la carretera, de Stanley Donen Hace tres años la vi en el círculo de Bellas Artes de Madrid. Una de las mejores películas de Stanley Donen. Mí favorita. Ya la había visto en vídeo varias veces. En video es divertida, inteligente, agridulce, triste, emocionante, sutil, brusca... pero en un cine te come entero. La película muestra la evolución de un matrimonio desde que se conocen hasta su situación presente (marcada por el éxito profesional del marido y la crisis matrimonial) a través de cuatro viajes por Francia, cuatro periodos de tiempo a lo largo de más de 10 años, que se entrecruzan a lo largo de la narración mediante saltos sutiles adelante y atrás. Para conseguir diferenciar cada momento sin problemas, dado que las sucesiones de épocas se realizan sin aviso alguno, se recurre a mostrar claramente diferenciados los coches, vestidos (con una apoteosis de Rabanne en la recta final del largometraje, en plena cumbre de lo pop, especialmente un traje de cuadros amarillos ...